Ventajas del freelance, me tomo un día, y me voy a Temaiken
No es que me voy a ir, sino que ya volví. El destino elegido, Mar de Ajó, costa atlántica Argentina. Viajamos con Ali el 7 de marzo, y volvimos el domingo 22. Quince días con objetivo despejar la cabeza de un año muy agitado para ambos, y que cumplimos satisfactoriamente… quizás Ali necesitaba un par de días más.
Alquilamos departamento por medio de un amigo de Ali (gracias Marce), un monoambiente comodísimo y de excelente ubicación, a una cuadra de la playa, a una de la peatonal, y a dos del Coto… si conocen, ya saben lo bien que estábamos. Sexto piso, ventana al oeste:


Una de las primeras cosas que dijo mi viejo al volver fue “estás más gordo”. Creo que sí, no me pesé y la ropa no supo precisar el aumento de talle, pero no me extrañaría. No nos privamos de comer todo lo que quisimos, y de testear todas las casas de comida, golosinas y restaurantes que se nos antojase. De todas nos quedamos con La Piccola Cantinella, atendida por Inocencio Soto.
Comida riquísima, y la mejor onda de su dueño, dando el valor agregado que me encanta pagar con gusto. Cuatro veces comimos allí, único lugar al que volvimos, aunque otros también ameritaban una vuelta (la pizza de Don Dilo es ESPECTACULAR). Comimos pasta, milanesa, carne, rabas y casuela de mariscos. Los detalles de los que hablo son las entradas que nos dieron sin cargo, acompañados de pequeños tragos. Estilo italiano, música todo el tiempo (blues, clásica, italiana, boleros, etc). Son los lugares que me gustan, que sé que me garantizan algo rico antes de sentarme a la mesa.
Foto con el dueño y uno de sus cocineros:

Las playas de Mar de Ajó me gustaron mucho. Mi infancia veraniega fue en Santa Teresita, y vi su transformación. Mar de Ajó se mantiene al margen de esos cambios, y al haber ido fuera de temporada garantizó enormes playas con cómodo espacio de una sombrilla a la otra. Un ejemplo de cómo se veían:

Primera semana con días intermitentes, mañana sol / tarde nublado y viceversa, segunda semana espectacular. Playas y agua limpias, lo único malo fue que un par de días acosaban las aguas vivas.
Si bien son una amenaza de picadura, cuya comezón se dice es de temer (no por lo peligroso, sino por lo doloroso y molesto), nunca fui testigo de ningún ataque. Sé que mi tío cuando niño tuvo un “accidente” con una de ellas. Fuera de eso, siempre nos metimos al agua con ojos atentos, y este verano no fue la excepción.
Ejemplos de la fauna local:




Pero por supuesto, lo más importante de estas vacaciones fueron los quince días de convivencia con mi novia. Acá está ella posando para la cámara:

Y otra mientras hacíamos tiempo esperando al remís que nos llevaría a la estación para pegar la vuelta:

Y ya sé lo colorada que está en este momento por ver su foto publicada.
Muy lindas vacaciones. Hacía cinco años que no iba a la playa, y no sé cuántos sin tomarme tantos días seguidos. Al volver hablé con mi hermano, al que no veía hacía casi un mes por el irse a Jujuy una semana antes que nosotros, y me dijo que al contrario de lo que hicimos, él se fue buscando actividades, cada día una excursión, nuevo pueblo, etc., para evitar así caer en la rutina que aparece cuando te vas a la costa.
O sea, te escapas de la rutina del año, pero caes en la de aprovechar la mañana para ir a la playa, volver al mediodía para almorzar (o lo hacés en la playa), siestita, la playa de la tarde, tejo/paleta/fútbol, mate, volver para cocinar o comer en el centro o peatonal… y así todos los días.Era exactamente lo que buscaba.
Panza al sol y no pensar en nada… yo quiero eso.